EL QUE BUSCA ENCUENTRA

martes, 5 de febrero de 2013

La inseguridad social y su influencia en los packagings

El diseñador argentino Adrián Pierini, director general creativo del estudio Pierini Partners con quien hemos tenido el placer de publicar algunos de sus packagings en nuestro espacio del Seminario, esta vez analiza los cambios sociales, actitudinales y de consumo surgidos tras la crisis global, y nos comparte su propia visión de cómo el aumento de la inseguridad consecuente ha influido sobre las diversas acciones de compra. 


Importante aclaración preliminar

Este artículo habla desde mi experiencia cotidiana, de mi visión como hombre, como profesional, como padre de familia y como consumidor en Argentina. Lo que describo en él no es ni más ni menos que mi humilde interpretación de una realidad global dentro del contexto donde vivimos, que se presenta cada día más compleja y lamentablemente más deshumanizante. 

Los cambios actitudinales mencionados surgen simplemente de mi poder de observación, de conclusiones extraídas de mi trabajo cotidiano con diversos países, y fundamentalmente de los comentarios de quienes me rodean y de los que rodean a los que me rodean. 

Ruego por favor que las palabras aquí escritas no sean vistas por el lector como una crítica y mucho menos como el deseo de generar en los demás miedo o resignación; mi intención es simplemente mostrar cómo consumidores y empresas de todo el mundo nos están ofreciendo un claro llamado de atención sobre el lamentable futuro al que parecería encaminarse la sociedad toda.


Introducción
 

¡Aquellos sujetos parecen sospechosos! ¡Cuidado que pueden atacarles! ¡¡Peligro!! ¡Llamen a la policía! ¡Corran! ¡Miren! ¡¡¡No se detengan!!!
La inseguridad enciende en los seres humanos sus mecanismos de supervivencia más elementales, influyendo directamente sobre su manera de percibir la realidad circundante y por ende, su modo de actuar en ella. El miedo y la sensación de riesgo producen un cambio en sus hábitos cotidianos; sus tiempos de percepción se acortan, sus emociones se confunden e indudablemente este modo de ver el mundo logra alterar desde las vivencias más insignificantes, como podría ser el vestirse o alimentarse, hasta las más complejas como planificar un viaje o mudarse de casa.
 

Hoy muchos países en el mundo son víctimas de la inseguridad y más allá de analizar sus causas, el objetivo de este artículo es exponer cómo la misma logra influir de modo notable en las acciones de consumo obligando a que, tanto los packagings como el mecanismo comercial en su totalidad, deban adecuarse a este fenómeno modificando los diferentes recursos gráficos en el primer caso, y alterando la forma en que se venía dando la relación entre fabricantes y consumidores en el segundo.

Por el bien de los niños…
 

Uno de los ejemplos más notables de esta influencia ocurre en el segmento infantil. Al exponerlo, vienen a la mente recuerdos de una infancia despreocupada en la que uno podía movilizarse con absoluta tranquilidad por las calles de su barrio. Sin lugar a dudas, se trataban de épocas tan simples como enriquecedoras pero que, lamentablemente, se han ido perdiendo debido a la inseguridad. 

Hoy, el miedo a que los niños tengan la más mínima posibilidad de ser asaltados, secuestrados o atacados físicamente genera en muchos padres una reacción tan sobre-protectora, que le impiden al pequeño desarrollarse y crecer a través de su propia exploración. Los adultos ejercen en el nuevo escenario un monitoreo constante sobre el menor, restringiendo aquellos juegos infantiles callejeros, la diversión inocente disfrutada en espacios públicos hasta largas horas de la tarde, los paseos solitarios en bicicleta. Ni siquiera les es permitido ir al colegio por sus propios medios. Hoy donde está el niño está el adulto y este hecho, que pareciera ser insignificante, influye notablemente en las acciones de compra, y en la rentabilidad de ciertos productos como por ejemplo las golosinas. 

Para ser más claros, antes un niño ingresaba a un kiosco completamente solo y podía escoger la oferta que más le apeteciera. Ese ámbito representaba para el pequeño un signo de independencia, allí era amo y señor y podía decidir, sin intervención alguna de sus padres, en qué “invertir” las pocas monedas que había logrado reunir durante la semana. Pero ya no más. En el nuevo contexto, la madre impone sobre el menor su propio criterio, dirigiendo la acción de compra hacia aquellos productos que nutran y representen un beneficio funcional concreto. 


Los dulces son unos de los productos preferidos de los niños, son accesibles, divertidos, sabrosos pero a juicio de los padres también son propensos a generar caries o a perjudicar la dentición de sus hijos. Por lo tanto, este control parental, consecuencia del temor, ha obligado a la categoría a reformular el modo en que dirige su comunicación, incorporando al adulto en sus mensajes a través de información de corte racional que convenza al “vigía” de emitir su permiso, para que el niño satisfaga su deseo. Tablas nutricionales más visibles, aparición de íconos en forma de “diente feliz” que anuncian el cuidado de la placa dental, flashes que magnifican la presencia de calcio, hierro o vitaminas en las nuevas fórmulas son algunos de los intentos que pueden detectarse en pos de reanudar el diálogo con los decisores de compra.

No veo, no escucho, no hablo…
 

Si bien el fenómeno de la compra infantil es un excelente ejemplo, no es el único que podría emitirse. La inseguridad ha provocado que los habitantes de las ciudades busquen estar en las calles sólo lo necesario. Preocupados por ser víctimas potenciales de algún atropello, intentan llegar lo más rápido posible a sus hogares o lugares de trabajo. Se podría decir que la nueva realidad generó un hecho contradictorio. Si bien los consumidores observan el mundo circundante de un modo más exhaustivo (lo que podría beneficiar las ofertas comerciales que se comunican en la vía pública por ejemplo), en realidad esta atención responde a mecanismos de alerta y como tales, sólo se focalizan en detectar situaciones de riesgo. Al consumidor en tránsito ya no le importa satisfacer sus gustos o deseos, sino llegar sano y salvo a su destino. Su atención ahora pasa por los movimientos, rostros y acciones que sus pares realizan, intentando detectar cualquier amenaza contra su persona que pudiera surgir. Esta aceleración de los ritmos de percepción ha logrado que los puestos callejeros o pequeños kioscos, que se nutren del comprador casual, les exija a los fabricantes de productos que sus packagings sean lo más claros y seductores posibles con el objetivo de mejorar su captación, acelerar el estímulo de consumo y aprovechar al máximo el escaso tiempo que el temeroso consumidor le destinará al proceso de compra. 

Traducido a recursos gráficos, podríamos decir que sus estructuras compositivas están migrando lentamente hacia la simpleza, incorporando tipografías de mayor tamaño y fácil lectura, y otorgándole a la imagen un alto protagonismo, pues es probada su eficacia para transmitir diferenciales de un modo inmediato.

Si te he visto no me acuerdo…
 

Otro de los cambios funcionales y estéticos que la inseguridad produce en los packagings está vinculado a las situaciones de consumo que denominadas “sociales”. En este nuevo contexto, la integración entre las personas se ha transformado de un modo notable. Cada vez es menos frecuente encontrar amigos compartiendo hasta el anochecer una agradable charla, cerveza mediante en la vía pública, y ya son casi anecdóticos aquellos encuentros, con mate y bizcochos incluidos, que solían producirse entre vecinos en las puertas de sus hogares. El vínculo hoy se da “puertas para adentro” y el consumo casual que originaba aquellos momentos se ha visto seriamente afectado.
 

La inseguridad atemoriza, mal predispone a la gente, la lleva a ser mucho más racional y escéptica, y esas características se hacen carne en ellos al punto de trasladarlas a todas sus experiencias de vida.
Es interesante observar cómo este nuevo imaginario de consumo que poco a poco se va instalando en la mente de los consumidores es adoptado por las diferentes piezas de comunicación, haciendo referencia a un disfrute mucho más egoísta y hermético.

Antes era así, ahora es asá…
 

La mirada negativa que la gente tiene sobre su mundo ha conducido a que las empresas no sólo reformulen sus diseños de packs sino que, además, se replanteen el modo en que los expone.
Las golosinas, cigarrillos y galletitas, por ejemplo, se exhiben de un modo mucho más ordenado que antes, ya que se da por sentado que el contacto entre ellos y el consumidor estará afectado por barreras físicas considerables. Dicho de otro modo, hoy gran parte de los comercios minoristas cierran sus puertas con llave a determinadas horas y atienden en pequeñas ventanas a través de las cuales el eventual comprador solicita el producto deseado. 


En ocasiones, los productos están a la vista pero en otras, no. Este punto es muy importante ya que pone de manifiesto lo vital que es el atributo de recordación en un packaging. Hoy el cliente debe tener muy en claro el color, el diseño, la denominación y la marca de una oferta para que pueda tener éxito en su acción de compra.
Podríamos recrearlo del siguiente modo: una persona se acerca al comercio y le dice al vendedor: “Déme un chocolate marca CHOCOLIN, el de sabor avellanas. Su envase es azul con líneas rojas y una ilustración de un monito a la izquierda por favor”.

Lo bueno, si breve, dos veces bueno…
 

Otro hecho que se desprende de la inseguridad, y que afecta de algún modo a la industria del packaging y a su mecanismo de consumo, es el temor a una exposición riesgosa. Paso a explicarlo.
Hasta hace unos años era muy frecuente que las familias se acercaran cada comienzo de mes a los grandes hipermercados para abastecerse de todo lo necesario para afrontar los 30 días por venir. Hoy esa realidad se ha transformado. Las compras en grandes cantidades han mermado considerablemente, y si bien no se puede ignorar que la crisis económica es una importante causa de este fenómeno, lo cierto es que uno de los factores que también ha influido es el temor a llamar la atención de los malhechores. 


Muchos consumidores consideran que el despliegue de bolsas se convierte, ni más ni menos, que en una demostración del poder adquisitivo de quien las porta, y eso puede llegar a convertirse en el disparador de un potencial acto delictivo.


Hoy los consumidores continúan yendo a los grandes centros de abastecimiento pero sólo para realizar una compra parcial que luego será reforzada con adquisiciones más focalizadas (y discretas) en pequeños almacenes o supermercados barriales.


¿En qué afecta este cambio al packaging? Pues bien, podríamos decir que los ámbitos mencionados son muy diferentes entre sí, tanto en dimensiones como en función. Por lo tanto, las estéticas pensadas para ser utilizadas en un hipermercado (lugar que ofrece un entorno mucho más calmo y espacioso, donde el comprador puede pasear, comparar precios y analizar los distintos diferenciales) serán más amables y seductoras, mientras que los diseños destinados a un modesto supermercado (lugar donde las ofertas se muestran de un modo básico, no ofrece un ambiente propicio para la evaluación de los precios y torna la experiencia de compra más inmediata y menos positiva) buscarán un lenguaje directo y mucho más impactante.

Tras las rejas…
 

Como mencioné, el consumidor temeroso de la inseguridad muchas veces opta por no salir a cenar en horarios nocturnos, reemplazando esa grata experiencia por otra: el delivery o envío a domicilio de comidas ya preparadas. Esta modalidad, cada vez más común, ha sido detectada por los delincuentes, quienes buscan aprovechar el momento preciso en que el dueño de casa le abre la puerta al “chico de la moto” para ingresar por la fuerza a la vivienda. La reacción surgida de este lamentable hecho es un aumento de la precaución por parte de los consumidores. Es así que hoy podemos observar cantidad de casas cubiertas de rejas y a sus dueños atendiendo a los repartidores a través de las mismas. Las gaseosas, las cajas de pizzas o potes de helados se enfrentan al desafío de mejorar sus formatos para que puedan atravesar los barrotes sin romperse, deformarse o volcarse. Sin duda alguna pensar en cosas como las mencionadas genera una mezcla de risa y pavor, pero aunque parezca ridículo la nueva realidad social es generadora de las más insólitas acciones y planteos.

Ya no me muestro como quiero sino como me siento más seguro. El camaleón social.
 

La inseguridad no sólo influye en el método de compra sino en la elección de las cosas que se consumen. En un contexto de temor, las personas buscan protegerse y uno de los mecanismos más antiguos que tiene la naturaleza para hacerlo es el camuflaje. Los consumidores, al igual que el camaleón en circunstancias de peligro, intentan pasar desapercibidos confundiéndose con el paisaje. 

Para ello deben resignar sus reales preferencias, adquiriendo productos que si bien resultan ser de calidad aceptable nunca superan la media. En este contexto algunas industrias se perjudican notablemente, y sus pedidos a las agencias de empaques van desde la sencillez absoluta (para garantizarle un bajo perfil al temeroso comprador) hasta una seducción extrema para lograr opacar, por medio del deseo, sus miedos más profundos.
 

Prendas de cuero, relojes y celulares de alta gama, zapatillas innovadoras, y yendo a escalas más altas, camionetas o automóviles con grandes prestaciones se ven afectados en su adquisición. Aquí no se está hablando de precio, se está hablando de temor a ser asaltado o a ponerse en la mira de los delincuentes por la ostentación de aquello que le dice o le grita al mundo “yo tengo dinero”. Es muy frecuente escuchar diálogos como el siguiente: “Este no es el celular que me gustaría tener, pero con este modelo más económico me aseguro de poder sacarlo en medio de la calle sin ser víctima de un atraco”.

Conclusión
 

La inseguridad nos afecta a todos y nos da un estilo de vida que dudo mucho deseemos tener a perpetuidad, pero el futuro se presenta aún más complejo. Tanto productos como consumidores buscan adaptarse, estableciendo nuevas maneras de vincularse. Las empresas analizan el nuevo escenario con precaución y estudian el modo de afrontar tanto la crisis como la inseguridad. Utilizan estrategias comerciales basadas en argumentos convincentes, en un estudio bien focalizado del target, en una comprensión de sus nuevas costumbres y motivaciones. Finalmente, dan origen a una nueva generación de packagings que son capaces de estar un paso adelante del nuevo contexto, y de ese modo continuar impulsando el éxito de sus marcas.

por Adrián Pierini

®DERECHOS RESERVADOS 2012 | PERMITIDA SU REPRODUCCIÓN TOTAL O PARCIAL SIEMPRE QUE SE CITE AL AUTOR.


Acerca de Adrián Pierini



Diseñador gráfico de la Universidad de Buenos Aires (UBA), fue docente universitario y ha trabajado, tanto en su país como en México y Estados Unidos, dirigiendo equipos creativos de los más importantes estudios de diseño argentinos, como Avalos & Bourse (ahora  Interbrand), Fernández Raggio and Bridger Conway.
 

Ha sido el único representante latinoamericano en el jurado de Pentawards durante estos dos últimos años, el más importante certamen internacional de diseño de packaging.
Desde hace más de 7 años, el diseñador es convocado por universidades y empresas de Argentina y toda Latinoamérica, realizando workshops y cursos de capacitación sobre branding y packaging estratégico.
 

Adrián Pierini es actualmente director general creativo de Pierini Partners, uno de los más prestigiosos estudios de branding y packaging argentinos, posee más de 18 años de trayectoria y un portfolio que supera los 420 proyectos, muchos de ellos de implementación global. Es autor del libro “Designers Go!”, en el cual expone diversos puntos vinculados a metodología aplicada, y de numerosos artículos sobre branding y packaging estratégico en sitios web de diversas partes del mundo, como Popsop (Rusia) y The Dieline (Estados Unidos), entre otros. 

Para más información: www.pierinipartners.com  |  prensa@pierinipartners.com

viernes, 1 de febrero de 2013

Entrevista a Joan Blázquez (II Parte)



Crear hasta el infinito y más allá

La escuela en Cuba

–En Cuba donde monté dos escuela de orfebrería...

 

–¿Eso como surgió?

–Surgió porque una vez vino aquí una gente que trajo a Tarragona una orquesta cubana muy maja. Los conocí y me propusieron hacer una fiesta benéfica
para ayudar a las escuelas de Cuba en mi casa en Altafulla. 
Envié tarjetas a todos mis clientes y aquella cena fue un éxito. Y eso me dio la idea para montar una escuela de joyería en Cuba que allá no existía. Lo propuse, hablé con el Cónsul y organizamos un par de fiestas chulísimas donde recaudamos el dinero necesario.
Con lo recaudado, compramos herramientas y una empresa en La Havana se encargó de hacer las mesas de madera y lo montamos.

–¿La escuela tenía muchos alumnos?

–Era para 9 alumnos en La Havana y 4 alumnos en Trinidad. 

Les organicé el plan de estudios, envíe libros de aprendizaje y todo. 
Escogí a los maestros. Me presentaron a varias personas de allá.
Luego los iba a visitar de vez en cuando y durante un tiempo dejé de hacerlo. Me parece que la cosa se les ha ido un poco a menos. No lo han sabido mantener.

–¿Ha perdido el contacto?
 

–Hasta hace poco recibí una invitación para dar unas charlas y no pude ir. Pero me desanimó un poco ya que no han sabido mantener lo que había hecho al inicio.

–¿Y aquí? ¿Hay jóvenes que quieren ser orfebres o joyeros?

–Aquí pasa como en todas las escuelas de arte que están con la cosa del arte abstracto, moderno y que los profesores ya no son profesores. No enseñan el oficio primero. Cómo hacer las cosas. 

Dalí cuando le dijeron que se dedicase a nuevas tendencias y a crear y tal dijo:  
–No. ¡A mí me enseñáis a pintar!... Y a crear, ¡ya les enseño yo a vosotros!

El oficio no se está enseñando y ese es un problema. 

Soy artista y artesano al mismo tiempo. Y eso se está perdiendo.
La gente de Suiza hacen así: primero ven si sirves. Si eres un manitas. Si no lo eres, no sirves. Luego le dan más horas de fábrica y taller que la escuela. Fábrica que trabaja de verdad.

–¿Falta de equilibrio?

–El que crea es el artista y el artesano es el que tiene el oficio. Pueden haber artesanos que trabajan en el taller y hacen trabajos que el artista crea y les dice como lo quiere o también existe el artista que también es artesano. Eso es lo ideal.
Porque si tu creas y no lo haces tu mismo, te van a hacer aquello que tu has creado, pero no lo que tenías en tu cabeza.
Si lo haces tu, puedes cambiar sobre la marcha a veces te das cuenta que hay cosas que tienes que variar y tienes que saberlas variar creando.
Un pintor es artista y artesano a la vez. Sabe ver. Ve cosas que otros no ven.
 

Mire, cuando era pequeño estaba horas mirando rincones de la Catedral que la mayoría de la gente no se detiene a mirar. Yo le daba mucha importancia al picaporte, a un clavo de la puerta de la Catedral. Miraba esos clavos y me decía: ¡que clavos tan chulos! ¿cómo los hacían? Ese hierro para darle esa forma. Y pensaba. ¡Qué cosa tan complicada! Eso no lo hacían de fundición sino que eso estaba hecho forjado. 


Catedral de Tarragona

Puerta Catedral de Tarragona.

Apóstoles. Catedral de Tarragona

Estos arcos y gárgolas veía Blázquez de niño.

Estos son los clavos que habla Blázquez.

Otra mirada de los Apóstoles.
 

–¿En esa época había más oficios no?

Si y se veían trabajar ya que dejaban las puertas de sus casas abiertas. De pequeño los veía trabajar. Hubo un libro que hizo un americano que hablaba sólo de las forjas de la catedral. Y nadie se da cuenta. Las gárgolas son otra cosa increíble de la Catedral.

–¿Usted a conocido a Dalí, a Picasso?

–Hombre, me hubiese gustado. Yo cuando pienso en aquellas épocas de los cafés, que se juntaban artistas, poetas. Y me gustaría poder hablar con artistas de todo tipo. Yo estoy con un poeta y me encanta que me explique las cosas casi mejor que si fuera otro joyero. Quiero que me digan cosas que me choquen. Que me digan cosas que yo no sé.

–¿Aquí en Tarragona los artistas se juntan?

No. Tarragona no es un pueblo que vaya unido para las cosas. Somos muy individualistas. He tenido trato con un fotógrafo de aquí muy amigo que tiene más éxito fuera de Tarragona. Eso que nadie es profeta en su tierra, es una verdad muy grande. Pero en Tarragona es mucho más. Aquí eso es exagerado. Es una ciudad que no se autovalora.

–¿Es una ciudad pesimista?

–Muy pesimista. Pueblerina y acomplejada.

–Es curioso ustedes están rodeados de arte. Lo tienen todo. Me da la sensación de que aquí esto no es tan valorado ¿puede ser?

–Tarragona tiene que enseñar todo lo bueno que tiene.

–Veo que el modernismo está presente mucho en su obra

–A mí el modernismo me entró muy fuerte. Yo era una persona inculta a nivel artístico, no sabía ni siquiera lo que era modernismo ni lo que era Barroco. Yo veía una cosa, me gustaba o no me gustaba sin saber lo que era. Y lo fui aprendiendo luego. 

Yo siempre digo que si el modernismo no hubiera existido, puede que yo lo hubiese inventado por otras circunstancias. Al ser escultor y joyero, al gustarme la figura humana, las cosas irregulares pues más o menos coincide. Posiblemente al ver modernismo y gótico tiene mucha relación también. La prueba está que en la época modernista también se hizo mucho Neogótico.
Lo que me siento orgulloso es que mis joyas la gente sabe que son mis joyas. También todo se parece a algo.
 

No sigo la moda

–¿En qué momento se sintió que podía crear?

–El principio del oficio para mí, era inventar. Hacer cosas técnicamente complicaditas.

–¿Copiaba en ese momento?

–No. Hacía cosas que ya se habían hecho. No tenía muchas ocasiones al principio para poner mi estilo. Lo hacía por ejemplo con alguien de mi familia que si encargaba una pulsera eso se lo hacía yo.
Cuando vendía lamparillas de barro parecidas a las romanas ya me inventaba yo los motivos. Ya me gustaba no hacerlo igual sino darle una vuelta. Yo disfrutaba cambiando las formas. Lo hacía a mi manera.

–El estilo que tiene ahora ha pasado por varias etapas?

–Las etapas van variando un poco. Yo siempre he hecho un poco de todo. La moda es o todo pequeñito o todo grande. Yo siempre he hecho los dos y como yo he querido. Una de las cosas que no he hecho es seguir la moda nunca.
Lo cual no quiere decir que no hay coincidencias.

–Y las mujeres que dicen?

–Con algunas he tenido problemas cuando quise variar algo o veía por ejemplo que un pendiente podía subir arriba de la oreja. Pero me ha pasado que de pronto venía la moda con esa variante y es que claro, adelantarse a la moda o no hacer lo que es la moda es no vender.
Tengo un tipo de clientes clásicos y otros que aceptan lo que les doy. La mayoría de la gente viene y te dice: yo quiero algo original, una pieza única... pero, ¡al final quieren una pieza única igual al del vecino! Por eso tienes que amoldarte un poquito a seguir los gustos de la gente. Como mínimo el tamaño de las cosas. Si se lleva oro amarillo u oro blanco de acuerdo a lo que se use en ese momento.

–A mi me dio mucha curiosidad en el diseño de algunos de sus relojes ¿porqué en algunos el cuadrante está hacia un extremo? ¿Es algo ergonómico? Pensé ¿será porque molesta?

–No. Es una gracia que se vaya de la mano. Técnicamente no tiene ninguna razón. El único diseño que tiene una razón técnica es el diseño del Commandeur que sí  ese es inclinado. No tienes que mover el brazo para ver la hora.
Le quise dar esa inclinación. A nivel técnico está más pensado que los demás. También quería hacer algo más irregular. Más alto de aquí más bajo de allá, o me dejaba un hueco para poder meter una parte de la correa por el lado más alto para poder graduar la medida.
La tapa de atrás también para poder manejar la mecánica. Siempre hay que ir pensando. Lo que me pasa siempre es cuando voy acabando un trabajo, en el momento del acabado del trabajo que es cuando pules la pieza y es donde uno más disfruta... y es que no lo disfruto.

–¿No disfruta al ver el trabajo final?

–Ya estoy pensando en el otro proyecto que quiero hacer o tengo en la cabeza.
Tengo la ilusión de hacer un bolígrafo que hace muchos años que lo quería hacer. Yo buscaba una carga de bolígrafo metálica porque este no tiene nada que ver con un bolígrafo normal. Este diseño es muy abierto. La carga está a la vista y el otro día en una librería que me enseñó un montón de cargas y encima me salen con una que es especial y que se hizo para la NASA en el cual se puede escribir en todos los ángulos. Es una carga cerrada y hermética y lleva una presión dentro especial que hace que se pueda escribir así. Y no le afectan las temperaturas ni muy bajas ni muy altas y además se puede escribir debajo del agua.
 

(N de la R: Como será que se pone loco que entre la entrevista primera y la producción de fotos ya tenía listo bolígrafo. No saben como le brillaban sus ojos cuando me lo mostró mientras le hacíamos la producción de fotos)


–Usted se adapta a las maquinarias?
 

–Yo compro lo mejor. Las maquinarias de mis relojes se hacen en Suiza. Hay muchas medidas. Yo puedo diseñar la medida de caja que quiera porque enseguida encuentro la maquinaria para el diseño de reloj que haga.

–¿Quién es el cliente que le compra sus relojes?

–Es más joya que reloj. Yo siempre digo para ver la hora te miras el teléfono móvil. La gente se gasta el dinero en relojes. Compran marcas. Es una prenda que atrae y que es atractiva y tiene su gracia.
¿qué servicio te da un colgante o un anillo? Tiene un valor y tiene su gracia. Es toda una sensación psicológica.
De la línea commandeur tengo de pila porque no fallan y van la mar de bien. Pero el más bueno que tengo de la línea commandeur es automático y mecánico. Porque está pensado un poquito de cara al coleccionista y la persona muy exigente. Es menos exacto.

–¿Todos los relojes son iguales o cada uno tiene un detalle o toque individual?

–Las joyas que yo hago aunque haga una serie. Para hacer un modelo de estos, se tienen que hacer moldes y se han de hacer muchas pruebas porque todos los muelles que tiene son de oro. Y lo tienes que templar, calcular el grueso, la forma y cosas que hay que inventar. Como todo es artesanal. Si yo haría dos relojes iguales con la misma medida lo que hago es modificar algunas cosas. Alguno lleva un brillante de más. O pesa más o menos. Lo que no puedo hacer es una pieza sola y al siguiente otro modelo.
Yo por ejemplo de un reloj vendo 50 ¡Yo vendo los únicos 50 del mundo!

– De sus diseños más antiguos, alguno no lo lo hace más?

–Yo tengo miles de diseños de joyas. A lo mejor tengo 2000 anillos. Yo no estoy fabricando todos los 2.000 al mismo tiempo y a veces algunos a lo mejor se han quedado descatalogados. Pero sigo haciendo uno que que lo diseñé hace 30 años.
Dejo de hacer aquellos que parece que no se van a vender. A veces vuelvo a sacar moldes que tenía de hace tiempo y los reciclo.
Pero lo mío es atemporal.

–¿Cuál es su diseño más clásico? Su joya fetiche?

–Mi mejor diseño es el último. Siempre se vive con la ilusión de que lo vas a superar todo lo hecho anterior.

–Incorformista...

–Es así. La siguiente, la pieza que no has hecho será la mejor del mundo. Como dice el frase: En amores las caricias soñadas son las mejores.

–¿Hay alguna parte que no controla mientras trabaja? ¿Deja algo librado al azar?

–Sí. Yo hago muchas cosas que las hago porque las quiero hacer. No me las pide nadie. Puedo ver hasta donde he llegado.

–Sus hijos siguen su huella

Bueno, dos hacen música y tengo uno pequeño de 7 años. El mayor de todos que es más empresario y puede ser que ahora le de por hacer el oficio y tiene manos e ideas. No se si lo hará o no. Si lo quiere hacer y lo hace feliz muy bien.

–¿Usted lo fuerza o los acompaña?

–Nunca les he dicho nada. Que hagan lo que quieran y que hagan lo que les guste. Si tienen mucha suerte que encuentren la felicidad con la música y yo los apoyo en todo lo que puedo.
Y el mayor, que es empresario veo que tiene cualidades y yo lo voy ayudar a pesar del esfuerzo que implica enseñar. Porque a mí no me gusta enseñar. 

No es que no quiera. Enseñar es perder el tiempo. Mientras lo hago no estoy haciendo lo que yo quiero hacer. Yo serviría para enseñar para que una persona se ponga al lado y mire y vea lo que hago y cómo lo hago.
Yo he creado herramientas para hacer algunas cosas donde necesito hacer determinada cosa.

–¿Cómo plasma la idea? ¿la boceta antes?

–Lo mío es una cosa bastante particular. Muy normal no es y no se si le pasa a otras personas. Yo cuando tengo que hacer un diseño ya sea por encargo o alguna idea mía. Antes te tienes que amoldar a la persona, al presupuesto a las medidas ¿sabes? al carácter o personalidad de esa persona y a la joya que puede ser adecuada para esa persona. Hacer una escultura es diferente. Pero hacer una joya es como hacer una escultura que te la llevas puesta.
A partir de allí o un encargo, cojo un lápiz y papel y goma. Me da mucha pereza dibujar. Voy borrando y corrigiendo y aprovecho el mismo dibujo. Ahí me concentro mucho. Hago una primera línea para marcar un eje central y a partir de ahí empiezo a hacer algo. Siempre empiezo sin saber lo que voy a hacer.

–¿Y después a hacer el molde?

–Si. Y me pongo como loco para ir a la mesa a hacerlo. Dibujar me da pereza.

–La escultura es muy difícil de hacer. A mí me gusta mucho los esclavos de Miguel Angel

–Ah, ah! ¡La obra interminada es un poco eso lo que yo busco! La magia de lo que saldrá de allí. Muchas obras mías las dejo interminadas como hacía Miguel Angel. Romper una cosa tiene que tener un equilibrio brutal. El roto a veces es lo que más me ha costado. A mi me gusta que se vea el golpe de la herramienta.

–El proceso de hacer una joya cuánto le lleva?

–Depende. Un anillo puedo hacerlo en una tarde o puedo tirar una semana para hacerlo,

–¿Cuál fue la joya más rara que diseñó?

–Cosas raras he hecho un montón. Hombre, puede ser el Sagrario que me han pedido. Porque técnicamente es complicado.  Esas piezas tienen que salir y acoplarse después. Hay un jaleo ahí importante. Es algo especial. Este típo de trabajos no se hacen todos los días. Entre la plata y el oro será una pieza única. Estará en la Iglesia de San Juan que es una parroquia muy grande y muy antigua.
Tiene una nave central muy grande y a la derecha tiene una nave que no está mal y ahí estará el Sagrario.


Por Gabriel Podestá Conte para Vía Tarraco
Fotos: Daniela Lapucci y Fernando de Noriega Arnal (producción) 
Fotos de Tarragona: Gabriel Podestá Conte

Aquí feliz posando con el maestro Blázquez en el frente de su tienda








jueves, 31 de enero de 2013

Entrevista con Joan Blázquez (parte I)


Las cosas de la vida. Que te llevan de un lado a otro. 
Se cierran puertas y se abren otras.
La entrevista que van a leer a continuación, está publicada en un emprendimiento digital que estoy realizando para la provincia de Tarragona que es el lugar donde vivo.

Se llama Via Tarraco y es una App disponible para móviles iPhone y Android.
Un experimento editorial realizado para este tipo de plataformas que promueve la cultura, el turismo y el comercio de la provincia de Tarragona. 

Vivir aquí... Ay! tiene un clima y una historia impresionante. Estoy al lado de monumentos arqueológicos que jamás pensé que iba a tocar. El mediterráneo aquí con sus miles de colores azules, sus piedras, la caligrafía romana de las piedras, museos, arte, gastronomía y su gente me atrapan. Por algo los romanos eligieron este lugar.

Por ese algo mío de agradecer, es que estoy haciendo esta revista. Es una forma de mostrar mi mirada en el lugar donde vivo. El lugar donde tambien se crían mis hijos con sus tradiciones y sus costumbres. Una forma de integrarme a la sociedad donde habito ya que la escribo en catalán. 
Intento escribirla en catalán y me cuesta un huevo hablarlo. Estoy aprendiendo. Pero para hablarlo estoy a años luz. Es un tema de timidez. Hablás mal y te cambian el chip acá.
El texto lo corrigo mil veces y lo sigo corrigiendo. Me putean y con razón. Perdón. Y me lo tomo en serio. Pero no podía hacerla de otra forma que en su idioma tantas veces castigado. 
Y lo entiendo.
Yo soy argentino hablante. Lo digo así porque el porteño ese del che y del boludo y del castellano antiguo con el vos, es complicado de quitármelo. Y mezclo palabras en catalán y argento y me mezclo. Porque eso es lo lindo de integrar culturas.
Como si estuviera al borde de un Castell humano.
Es un pequeño homenaje que le doy a esta tierra.

Emprender es difícil pero siempre se abre la posibilidad de poder experimentar con nuevas tecnologías y combinarlas contando historias. 
Historias de la cultura y el arte, y sobre todo, de gente que crea todos los días y vive donde yo. 

En este post les presento a Joan Blázquez que es artista, joyero, artesano. Un escultor también. Tiene un estilo muy fuerte. Una mirada muy particular.
A veces me hace acordar a Giger en algunas detalles de las joyas que crea. Otras veces a Miguel Angel con sus esclavos inhacabados. Un creador inconformista que no para de hacer cosas.

Como me gusta hablar con la gente que crea, y que aporta a la cultura, me pareció que es bueno contar de su historia. 

Supongo que muchos ya lo conocen.
Yo me di el lujo de conocerlo y hablar personalmente y me pareció este un buen espacio para compartirlo. Ya se que no tiene nada que ver de publicidad. Pero la creación y el proceso que lleva a alguien a hacer cosas bellas pienso que es lo mismo para cualquier rama del diseño.

Y poder hablar con gente que está viva y compartir esa mirada, mejor.
Espero que lo disfruten.

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El Blázquez de Tarragona


Aquí en Tarragona todo el mundo sabe quien es ‘El Blázquez’. Así a secas lo llama la gente.
Tarragona es un pueblo disfrazado de ciudad y la forma de llamarlo así tiene mucho de pueblo. El de la calle tal, el escriptor, el Pep y... El Blázquez.

Artista, joyero, artesano con un estilo muy personal e inconfundible, quedan muy pocos como él tan fieles a un estilo propio.
Lo llaman además, el ‘Dalí de Tarragona’. Mucho no estoy de acuerdo con esa denominación. Es el Blázquez de Tarragona y punto. Tiene su historia, su lugar y su impronta.
Sus joyas no tienen un tiempo definido, tampoco persiguen modas, están por delante o detrás de ellas.

La entrevista que nos ha concedido, la publicaremos en diferentes capítulos. De hecho se hizo también así, porque la primera parte se realizó días antes de la fiesta mayor y hablamos como unas dos horas.

Un mes más tarde, le hicimos la producción de fotos y lo mejor de hacer una entrevista así, es que he podido ser testigo de la progresión de algunos encargos y diseños que estaba realizando en ese momento que eran: El sagrario para la Iglesia de Sant Joan de Tarragona y el diseño del nuevo bolígrafo de la colección Commandeur que ya ha presentado en sociedad.

La cita fue en la misma tienda, en el número 22 de la calle Major, muy cerca de la Catedral que a propósito, es muy Blázquez. La vida de Joan y la Catedral van de la mano. Su vida está muy ligada a ella como podrán ver en muchos detalles de las joyas que hace.


La Catedral de Tarragona está omnipresente en toda su obra. 
La tienda tiene un aire modernista. Todo el frente lo diseñó el. Al entrar al local es como si el tiempo se hubiese detenido en un momento, como si allí existiera realmente una máquina del tiempo. Sus joyas en vitrinas de cristal y madera iluminadas, papel color verde en las paredes y lámparas con cierto aire art nouveu. De remate en un rincón, el busto de Blázquez con gafas, que nos mira.

Espero a que me llamen y antes, observo su foto, con ese aire enigmático, con su bastón el cabello blanco que recorta el fondo negro, parece un mago. Me intimida. Voy con cierto cagazo a la entrevista.

Pero cuando veo a la persona que me abre la puerta de su estudio que justo está encima del local, lo intimidante se desvanece enseguida. De gran trato y buenas maneras, delgado, menudo, con una espalda súper recta que me sorprende porque generalmente la gente que trabaja sentada haciendo este tipos e trabajos andan todos encorvados.
Le gusta conversar y enseguida hablamos de los trabajos que estaban repartidos en sus mesas. No se si son los años, pero tiene una paciencia de buda increíble. Fui testigo de cómo lo machacamos en la producción de fotos.



Crear en tiempos revueltos

Cuando me recibió, tenía la TV encendida y en ese momento, se estaba corriendo la vuelta ciclista. Blázquez se había dado cuenta que ese día descansaban y en su lugar estaban pasando la novela Amar en tiempos revueltos.
Yo no la sigo, pero que cuando la daban en La 1 (TVE), la escuchaba como un programa de radio ya que el programa iba luego de las noticias. Y como me dejaba la TV encendida, escuchaba la música y la voz susurrante de los actores que me relajaban para trabajar. Ahí en esa novela hablan bajito, susurrando ¿En la época de Franco se hablaba bajito?

–¿Le gusta la novela? ¿La de los susurros?

–¿Cual? ¿Esta? Ah... Me da un poco de un poco mal rollo esta novela porque habla de una época que yo la he vivido y hay momentos que indigna porque esto era así, cuando ves la época del Franquismo… ¡que poder tenía esa gente! No eras nadie allí entre ellos. Hacían lo que querían con la gente. Como pasa en todas las dictaduras.

–Empezó de muy pequeño a trabajar

–Yo la joyería la conocí de casualidad. Por no querer estudiar. No me gustaba estudiar y desde muy pequeñito siempre he hecho cosas, hacía tallas de madera y las vendía, hacía lamparillas de barro, esas tipo romano para buscarme la vida.
Hacía de monaguillo para ganarme un dinerito porque en mi casa no había dinero ni para comprar un juguete. Entonces me los inventaba yo, aparte de que disfrutaba haciéndolos.
Hasta el punto que hoy día me da la sensación que sigo siendo como si fuera aquel niño que hacía cosas y disfrutaba, ahora me pasa lo mismo con el oficio.

–Ya tenía ese don para hacer cosas pero ¿quién le enseñó?

–Yo veía a unos tallistas que para llegar al turismo, el primer turismo que venía aquí en esa época, vendían cosas imitación al románico y las hacían en la calle frente a cada tienda, con una mesa y sus herramientas, trabajaban para que el turista lo viera allí tallando y eso la verdad, era un gancho que llamaba mucho la atención.

Yo pasaba horas de pie mirándolos como tallaban. Aquello de entre que aprendes de lo que hacen o que quieres adivinar lo que harán, dices: ahora cogerá aquella herramienta, ahora esto, esto lo quitará con la mano, y bueno total que yo flipaba, me preguntaba ¿cómo es posible que haya gente que pueda hacer esto tan bonito?

Y bueno ya me iba a casa, cogía un tabloncito de madera y para Reyes, a mi padre le pedí que me comprase un juego de gubias para tallar. Debía tener 11 o 12 años.
Me lo compró y a partir de ahí, empecé a hacerlo. A tal punto que vendí unas tallas que hice y me dieron 800 pesetas que es lo que me costó una bicicleta. ¡Con el precio de una talla me compré una bicicleta!
Y una bicicleta que tenía cambio de plato, cambio de piñón que en aquella época era una buena bicicleta.
Total que también hacía lamparillas de barro que me la compraban comerciantes para venderlas ellos. Anticuarios, alguna casa de objetos regalo de cara al turista. Igual te vendían una bailarina como un torero, ¿sabes? Aquello típico que los turistas compraban. En aquellas horas todo eran toreros, bailarinas, banderillas.

Entonces quise dejar de estudiar y mis padres me hablaron casualmente que había un taller de joyería que necesitaba un aprendiz. Yo jamás había pensado en ser joyero. Ni sabía en qué consistía en ser joyero.

–Pero que pensaba ¿que iba a ser artista, que iba a ser un pintor, escultor?

–No, eso lo pensé como un sueño inalcanzable. Como una cosa que no ocurriera nunca ¡Qué bonito sería! ¡Ser artista y vivir del arte! Veía las esculturas y las pinturas de la Catedral y pasaba horas mirando los pliegues de las figuras. Era como algo más allá de lo real.
Tener el Don de hacer eso era casi un imposible. Lo veía algo milagroso casi.
Entonces cuando empecé a hacer las primeras tallas y veía que iba saliendo, pensé, ¿porqué no? Pensé que tendría un oficio como mi hermano mayor, de electricista, fontanero. Alguna cosa así y gracias.

–Y sus padres ¿que decían?

–Yo recuerdo que no me ponían ningún inconveniente. Al contrario, me compraron aquellas herramientas. Recuerdo que mi padre le enseñaba a sus amigos mis cosas y decía: mira esto lo ha hecho mi hijo. Y claro yo estaba allí y veían a un crío. Y decían: ¿él? ¡Lo has ayudado tu! y les decía: No, ¡sólo él lo ha hecho! Y los otros se quedaban como que no se lo acababan de creer.
Y entonces yo empezaba casi a creerme que yo podía valer para hacer eso.
Cuando salió esa plaza de aprendiz para un taller de joyería, dije, ya que tengo que hacer alguna cosa voy a probarlo y fue entrar al taller y mirar lo que estaban haciendo ya que siempre fui muy curioso con cualquier oficio, y de pronto acabé de descubrir el oficio de mi vida porque lo que se puede llegar a hacer con esto es algo increíble.

–¿Eran todos niños aprendices como usted tutelados por un maestro?

–Había el Jefe de Taller, que para mí era grande, claro yo era niño y el tendría 40 años y luego otros de 18 años, 20 años. Mayores que yo. Lo vi enseguida. Yo con esto puedo hacer lo que quiera.
Claro, en el oficio había que tener manos para hacerlo y con la trayectoria que llevaba ya de crío de hacer cositas eso ya se me daba.
Pero luego tu tienes que inventar, tienes que crear. No sólo para crear diseño sino incluso técnicamente. Tienes que ser un micro ingeniero.
Porque hay cosas que no las haces porque no está la herramienta para hacerlo y además te tienes que inventar la herramienta.

En este taller el aprendiz tenía que hacer los recados, barrer, hacer cositas, lo que me dejaban hacer. Total que con 15 años me monté mi propio taller en casa y dije: ahora haré lo que me da la gana.

–Y dejó el taller...

–Y fui a buscar trabajo a las joyerías para pagarme las herramientas que había comprado y enseguida me dieron trabajo, al principio de a poco, cosas fáciles a tal punto que al final me daban a mí lo difícil para hacer.

Mesa con varios moldes en el taller de Blázquez

Molde para el Sagrario de la iglesia de Sant Joan. Las plastilinas de colores eran porque se quedaron si color blanco.
Miren la diferencia entre el molde y el original.
Miren la espalda recta de Blázquez. Ni yo estoy asi.
Molde de una medalla del concurso de Castells.

–¿Y cómo fue creando su estilo? ¿Ha tenido algún maestro o referente?

–Con haber visto como se hace algo en el casi año que estuve de aprendiz, ya me dio tiempo para ver todo. Entonces ya sabía todo lo que se tenía que hacer.
Incluso yo tengo una teoría que aún la mantengo. Una persona que no sea capaz de hacer algo sólo mirando, es que no será capaz de manejar ningún tipo de oficio. Luego claro, viene la práctica.
Pero mirando se aprende.
Cuando monté mi taller la mesa de orfebrería la diseñé yo, a la serrería que les pedí los cortes les llevé los planos de la mesa. Yo era un niño y me veían como tal.
Y nunca trabajé de carpintero. He visto trabajar a un carpintero o había visto un mueble y ya sabía como se tenía que hacer.
En la joyería tienes que saber limar, darle un gesto especial a la lima, saber serrar muy bien, saber soldar. Hay que aprender a soldar cosas pequeñitas y repartir el fuego de una manera especial si son piezas de diferente grosor.
De pequeño había ayudado a mi hermano que era fontanero y el hacía soldaduras en plomo que no era nada fácil.
También fui a una escuela de maestría donde se aprenden oficios y conseguí hacer lo que yo quería. Yo estaba en preparatoria y en esa época tocaban un poquito de cada oficio, electricidad, carpintería, hacer planos y todas esas cosas. Yo ya sabía hacerlas porque las había aprendido de mi hermano.
Y entonces yo cogía una madera y les preguntaba: ¿puedo hacer un Cristo?  

Y a mi me dejaban hacer el Cristo! jaja!

–Ya le veían algo diferente...

–Lo que no podía aguantar yo es esa norma tan sosa.
 

–Era una época dictatorial ¿no? Cómo hacía para ser libre con todo eso?

Ya me llamaban ‘el inventor’ Yo iba al colegio con juguetes. Por ejemplo veía una película de romanos donde había catapultas y yo me las hacía y las llevaba al colegio. Los profesores veían eso.
El primer patinete de dos ruedas me lo hice yo con ruedas de un cojinete.

–¿Cómo era Tarragona en esa época? ¿llena de curas?

Curas, militares, ferroviarios y portuarios y en esta zona veías algún Payés. Recuerdo que en la calle Caballeros venían con el carro que guardaban allí.

–¿Y la vida era mejor?

La vida era distinta ¿Sabes que pasa? Las personas nos amoldamos a todo. A mí me gusta viajar e ir a algún lugar donde hablan mi idioma en catalán o castellano. Por desgracia no hablo otros idiomas...
A mí me gusta enrollarme con la gente y que me cuenten su vida y todo eso.
Yo a un sitio que he ido mucho es Cuba que me recuerda mucho mi infancia. La forma en que viven allí. Y te das cuenta que para ser felices no les hace falta mucha de las cosas que tenemos. 
¿Yo de niño sabes con qué juguete fui feliz? Un gran sommier antiguo que dejaron en mi casa y estaba en el patio de la escalera.
Lo cogí un día por la tarde con mi hermano y lo llevamos a las escaleras de la Catedral. Vivíamos al lado de la Catedral. Y poníamos el sommier como un catamarán, nos subíamos varios y nos lanzábamos por las escaleras con el sommier!
Eso era el mejor juguete del mundo. Y no veas la cola de niños que se hacía. ¡Yo como era el dueño del catamarán subía siempre! jaja!
Una de las cosas que vi en Cuba una vez en una carretera me detuve a ver un camión con mucha gente detrás y de pie. Me daba la sensación como los reportajes que uno veía en televisión cuando la gente huía en camiones de la guerra.
Y yo pensaba: a lo mejor irán al campo a trabajar. Pero no, en un parador observé que la gente bajaba de esa caja del camión para comerse sus bocadillos y reían.  Y en realidad se lo están pasando la mar de bien.  Y luego me enteré que la gente viaja por toda la isla para ir a ver a sus familias y si han tenido la suerte de encontrar un camión se suben y encantados. Incluso con lluvia y todo.
Aquí pagamos dinero para hacer barranquismo y darnos trompazos. La vida, ¿qué es mejor o peor?
Lo que no se puede soportar es la dictadura. Tener miedo a un policía.

–¿Hablaba catalán a pesar que estaba prohíbido?

–Aquí estaba prohibido hablar el catalán. Sí, pero te podían llamar la atención. En un lugar oficial ni pensarlo.
Se hablaba en las casas. Permitían hablar catalán en la intimidad familiar. Como un favor que te hacían. Pero a la más mínima te decían: –Oiga hábleme en cristiano.
Aún cuando por ahí dicen Catalunya se ha gastado tantos millones por lo de la lengua. Pero tu sabes que esta lengua es de aquí y ha estado perseguida. Es como no lo entiendes.
Es una lengua que es más antigua que el castellano. Tiene más historia. Catalunya tiene 2.000 años de historia.
Una cosa que ha estado prohibido. Podían llamar a la policía si hablabas en catalán. 



///// Si te gustó esta entrevista espera hasta mañana que sigue la segunda parte. (Y si... cuando hablo con los artistas me quedo mil horas)

martes, 8 de enero de 2013

// LA VIDA ES UN CARNAVAL

Ha llegado el 2013. Como todos los años al final de la noche vieja junto a nuestros seres queridos, nos metimos a la boca las 12 uvas al ritmo de TVE, a lo bestia atragantándonos. Levantamos la copa, nos emocionamos y renovamos nuestros deseos que no son diferentes a lo que pide todo el mundo dependiendo de sutilezas.
Muchos de ellos en general son tener o mantener una buena salud, atesorar el amor y cariño de nuestros seres queridos para que siga siempre en alza y, al menos, que el trabajo que tengamos permanezca durante el año. Sobre todo: que haya más trabajo.
Por eso brindamos otra vez, hacemos un brindis plus para pedir por todos aquellos que en el año que pasó, han perdido su trabajo para que sea lo primero que les llegue.

Para los que trabajamos en publicidad y diseño, el 2012 fue un año bastante dispar dependiendo de la región donde vivimos, con spots que en muchos casos apelaron a lo emocional, a buscar lo mejor que tenemos (un poco hable de ello en el post anterior: Publicidad en tiempos de crisis) pero esta vez con un mensaje positivo. Como afirma el estimado José Carlos León: ‘La publicidad puede salvar el mundo’ en su último post. Creo también que la publicidad puede hacerlo muy bien como testigo del tiempo que vive, adaptándose a las circunstancias, otorgando un valor agregado y encima comunicar un mensaje alentador para que la gente pueda seguir creyendo en algo. ¿Vendedores de sueños? Tal vez. Pero materializar nuestros sueños forma parte de nuestro instinto de supervivencia.

Porque ¿que sería de la publicidad si no nos sabemos vender bien? ¿Si no nos vestimos bien para ir a una entrevista?
Aunque muchos no lo sepan, todos los días tratamos de vender lo mejor de nosotros mismos porque sabemos que la oportunidad está a la vuelta de la esquina.

Tal vez estemos un poco quemados, baqueteados, repetidos o mediocres, pero francamente ¿a quién no le pasó que una mañana frente a frente al espejo se dijo? Necesito un cambio.

Y eso es mi mensaje de arranque de este año y mi deseo. Un cambio. Si esta es la que toca cuando se vienen momentos de crisis (y hablo de cualquier tipo de crisis y no sólo de la económica que es la que nos agobia ahora) es el mejor momento de avanzar pateando el tablero. Listo. Lo que funcionó antes y ahora no, Adiós. Pero hay que cambiar. Adaptarse y cambiar.

A mi me gusta la música. Y siempre me acompaña en los momentos creativos. Y que mejor para cambiar mirándose en el espejo mientras nos peinamos, acicalamos y perfumamos, acompañados de una buena canción para darnos un poco de subidón y levantar el ánimo. Ahora mismo me repiquetea en la cabeza la canción La vida es un carnaval que canta Celia Cruz y como una cosa te lleva a la otra, y si de carnaval hablamos, les regalo este diseño edición limitada para la marca 7UP que me envió el estudio Pierini Partners para arrancar un poco con otra onda este año.
Oh oh oh ahhhh, no hay que llorar, que la vida es un carnaval... ¿bailas, 2013?






martes, 2 de octubre de 2012

// PUBLICIDAD EN TIEMPOS DE CRISIS

En el año 2001, año de la gran crisis que vivió Argentina, las agencias de publicidad tratando de adaptarse al contexto y a la mirada colectiva de los que sufríamos aquel momento, nos inundaban con spots televisivos con este ambiente, tratando de dar un mensaje positivo: Me haces bien... dice la canción de Jorge Drexler. Y las letras que se forman en la cuchara de cada comensal.
Estabamos para el culo.
Para que decir: ¡Tomemos sopa y nos suicidamos en masa cortándonos las venas con la cuchara!

Les dejo el vídeo y continúo debajo:





A finales del 2010 preparando el ciclo de entrevistas para el Seminario de publicidad ESDi que empezaba en Febrero del 2011, realicé una entrevista a Ezequiel Triviño -que recomiendo volver a leer- y le preguntaba justo acerca de la crisis y puse como ejemplo este spot:

////

-Tu has hablado de crisis en Argentina. Y recuerdo que en el crash que hubo en el 2001 hubo un tramo cortísimo de tiempo una serie de anuncios que trataban de reflejar un poco la realidad, lo que digo bajoneantes. Recuerdo una de sopas Knorr de una niña que estaba con su familia en una casa normalita de clase media y la canción de fondo que la acompañaba era para el suicidio. 
Tiempo más tarde leí lo que dijo un publicitario en un blog… acabemos con esto porque la gente quiere siempre aspirar a más… a estar mejor… a divertirse… 

¿cómo ves esto en España ahora?  

-Las crisis tienen un altísimo porcentaje de paranoia colectiva. Evidentemente, sí ha habido una crisis fuerte causada por cosas contrastables y claras como la caída de la economía, los bonos subprime, la crisis del ladrillo… todo esto se ha sumado en España y ha pegado una dentellada fuerte, pero la mayoría de las crisis son pánicos colectivos.
Una de las soluciones parciales a las crisis es cambiar un poco la actitud de la gente ¿nosotros los publicitarios, comunicadores qué hacemos? Nuestra misión es operar sobre las actitudes de la gente, sobre los comportamientos. España lo ha hecho bien durante mucho tiempo y lo volveremos a hacer bien. Yo creo que los publicitarios estamos especialmente capacitados para reaccionar con creatividad para cambiar rápidamente. De hecho las agencias están cambiando más rápidamente que las empresas.

///

Y ya que ahora, aquí en España que estamos con una situación de crisis más aguda respecto al 2010 año en que la crisis ya estaba despuntando, se estaba reconociendo como palabra: Crisis... me viene el momento: El día de la Marmota (excelente película Hechizo del tiempo) y aparece el primo hermano de sopas Knorr y me encuentro con la versión ‘Arriba ese ánimo’ de Vichy Catalán... también con un estilo parecido...



Ustedes dirán: menuda suerte este profesor argentino. Viene de tomar sopitas Knorr del 2001 a emborracharse ahora con una dosis de Vichy Catalán cosecha 2012.

¿Paranoico yo? Noooooooooooo. Es el efecto mariposa de la publicidad.

jueves, 27 de septiembre de 2012

// (sin) MEMORIA o ALZHEIMER DIGITAL





Voy a comenzar este post con el primer párrafo de José Carlos León en su artículo sobre La memoria obsolescente en su blog Comic publicidad.



Como viendo llegar "la nada" en La Historia Interminable, vivimos abocados a una suerte de alzheimer colectivo. Nuestra cultura, nuestros recuerdos, están condenados a desaparecer si no ponemos remedio. Siento ser tan apocalíptico pero a las pruebas me remito.



Hace unos días le estoy dando vueltas a este artículo, me vuela la cabeza desde cuando lo ha publicado, coincidente y reflexivo entre estas otras noticias, está aquella de que Apple se queda en propiedad de todo legado digital (comprado legalmente en Itunes) una vez nos morimos.

Hace un año había hecho referencia de cómo fue mi experiencia particular a partir del avance de la tecnología desde que nací hasta ahora, en el post: Clics Modernos, buscando mi genoma tecnológico y hablando con gente de la profesión le pedí permiso a José Carlos de seguir con el tema en este espacio.

No es que sea otro apocalíptico. Pero hace tiempo que estoy pensando....

¿y qué pasaría si se borra todo?

Vamos allá.

Vivo en un pueblito muy cerca de Tarragona, ciudad que adoro. A tal punto me siento tan a gusto con el lugar que, aparte de los otros proyectos que estoy emprendiendo, que me metí a hacer una revista digital para móviles y tablets en catalán, cosa que me debía un poco ya que hace años que estoy aquí. Y como se dice acá. Ya toca.
Igual, entre la mezcla de la mirada de un argentino que habla en porteño y que escribe en la propia lengua identitaria de este pueblo, puedo decir que vuelvo a vivir, desde otra perspectiva y experiencia, y en el sentido estrictamente cultural, y a la inversa, la misma experiencia de mis abuelos cuando recién llegados, como otros tantos inmigrantes europeos, iniciaron sus vidas conviviendo en sus primeros tiempos en conventillos junto con judíos, árabes, rusos y polacos.
Ese mix cultural enriquece a los pueblos.

La revista que estoy editando promueve la cultura del Tarragonés y además de ello, saldrá únicamente en digital, utilizando las nuevas tecnologías. Sólo para tablets y móviles.

Curioso. Donde vivo y en todo el tarragonés además del clima, el paisaje y la gente, los romanos  nos han dejado un legado arqueológico impresionante. Sus piedras.

Miles de piedras, esculturas, monumentos que muchos de ellos nos dicen cosas. Vivo rodeado de esas piedras que muchos tratamos de descifrar desde el área que nos compete.
Algunas que han quedado de legado y otras por descubrir aún,  han sido cinceladas y talladas por verdaderos artistas, calígrafos con una visión de que aquello que hacían era algo grande, majestuoso. El legado de una cultura que se sentía superior y sabedora que trascendería siglos más tarde.

Ese legado que nos queda ahora a través de la cultura mediterránea de esos pueblos, sus costumbres y hasta en la forma de comer y que seguimos manteniendo y disfrutamos ha superado guerras, persecusiones y la barbarie.

Realmente lo disfruto mucho y me da placer escribir sobre la vida de esta tierra, que trasciende lentamente con su mar azul turquesa y pasa frente a mí a través de mi propia mirada de inmigrante turista. Hablo con la gente, saco fotos, e intento ir más allá para descubrir historias y lugares secretos que puedo decir que ni los propios que nacieron aquí lo conocen.

Ahora... lo haré en digital. Miles de bits o por ahí millones se acumularán a lo largo de todo el proceso de la edición de la revista.
Siempre lo dije, la tecnología que hay ahora nos permite conectarnos como nunca con gente que vive a miles de kilómetros, ver una foto al instante de ser capturada, escuchar un nuevo tema una vez grabado e incluso, con un par de aplicaciones podemos hasta producirlos nosotros.

¡Ah! la comodidad que nos da todo esto...

Sin embargo, desde que compré mi primera máquina de fotos digital, nunca más imprimí fotos en papel. Creo que tengo más de 5.000 fotos guardadas en discos. Lo menciona José Carlos en su post...

Los álbumes de fotos de mi hija cuando los veo me emocionan. Le paso mi mano y recuerdo su piel cuando era bebé. Y ahora que mi hija es más grande,  ella misma puede verse como era en aquel tiempo que ha transitado desde que nació, hasta la compra de nuestra primera cámara digital.

Con mi segundo hijo la cuestión ya empieza a decaer ya que tiene pocas fotos impresas, sin embargo pasa lo mismo y de vez en cuando se queda un tiempo observándose. Y me pregunta cosas de ese tiempo. El es casi catalán. Porque tenía 2 meses cuando llegamos aquí.
En sus fotos el estaba en otro lugar.

La impresión de las imágenes en un espacio tiempo hace que uno pueda releer su historia en diferentes momentos de su madurez.

Mi tercer hijo no tiene ninguna foto impresa.
¿Si hay alguna diferencia entre la vida de los tres? Ninguna.

Pero cuando ellos ven las fotos pareciera que la hermana mayor tiene una vida digamos más completa que la de ellos. Y eso es el legado que les queda.
Como si en un punto la vida de ellos está registrada hasta las fotos de su hermana.
Ellos se miran sus momentos pero en el ordenador.

No sólo lo veo en esto. Mi queridísimo amigo el diseñador y calígrafo, Ricardo Rousselot (cuyas manos son las de la foto de arriba) se afana en la modernidad de estos días compartiendo con sus amigas y amigos en su muro de Facebook,  sus grandes obras maestras que ha hecho en su mayoría a mano con un cariño que me mata.
Él, como yo, también se ha adaptado a la modernidad. 

Pero también reclama... -me gustaría que me pongas algo más que un Me gusta, como si en este mundo tan veloz en el que vivimos necesitamos algo más que esas dos simples palabras. Si no tienes tiempo pero tienes algo que decir. Me gusta y listo... Necesitamos que nos digan más cosas.

Las letras y palabras hermosas que el traza con su pluma le salen desde que el nació. Es algo innato y que fue perfeccionando. Es único.
Pero la caligrafía se aprende practicando.

En la escuela ahora casi los chicos no escriben. Está todo ya impreso en libros. Todo cocinado. Y eso... cercena la creatividad. Además de provocar caligrafías horribles en los chicos.
Ya me decía mi profesora de dibujo: el miedo a la página en blanco.

¿qué pasaría si se dejara de escribir con pluma o lápiz?

La memoria digital, si desaparece por lo que sea... nos deja en blanco. Mis romanos de Tarragona nos han dejado hermosas piedras cinceladas. Yo las quiero redescubrir y voy a por ellas para entenderlas mejor y volcar todo eso en un entorno digital.
Mis abuelos me han dejado sus fotos, su vida vivida en un nuevo país que ellos mismos hicieron.

El otro día le decía a mi mujer: 

-Ojalá tenga guita para por lo menos una vez al año poder condensar lo que escribo en la revista en un anuario en papel.

No es porque quiera trascender. No me la creo, ni nada por el estilo.

Sino que quiero dejarles algo a mis hijos, el legado de lo que me han enseñado gente que he conocido y me ha contado cosas interesantes. Me pasa lo mismo con este blog.

Por las dudas, como decía -y lo digo con mucha pena- Gabo García Márquez:

Si no tienes memoria, háztela de papel.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

// NUEVA IMAGEN DE MERCIER Por Adrián Pierini


Nos llega desde el estudio de diseño argentino Pierini Partners la nueva imagen de Mercier, la tradicional marca de espumantes argentinos.

En diálogo con Adrián Pierini, director general creativo del estudio, nos comenta el desarrollo del trabajo: "Sabíamos que el packaging de Mercier podía transmitir aún mucha más calidad, y que los recursos gráficos para hacerlo debían estar en línea con la evolución que el consumidor ha experimentado en términos de códigos visuales. Estábamos convencidos de que un layout más moderno, que potencie tanto lo proyectual como lo técnico, podría acrecentar su percepción aspiracional, factor que resulta esencial para destacarse dentro de la categoría.
Nuestro objetivo consistió, pues, en simplificar el layout, refinar sus componentes e incorporar nuevos recursos técnicos (como el stamping o la forma del troquel) para que Mercier logre transmitir del mejor modo posible su esencia cualitativa".

La estructura compositiva del nuevo packaging respetó las características gráficas del anterior layout. Las mismas se basan en una disposición centrada en donde ícono, marca e información complementaria se distribuyen de modo armónico, generando niveles de lectura óptimos para la decodificación de las variedades por parte del target.


Existen en el nuevo diseño 4 elementos que se destacan por sobre los demás, y que constituyen la esencia de la personalidad del nuevo packaging:

1) Perímetro de terminación ondulante: La simpleza de la pieza fue enriquecida por un cortante cuyo extremo inferior adopta una forma zigzagueante que refuerza el imaginario de sabor, suavidad y delicadeza.

2) Un ícono renovado: Mercier posee como identidad una representación sintetizada de la torre Eiffel, ícono de Francia y símbolo de glamour e internacionalidad. El nuevo diseño llevó aquella representación a un nivel de gestualidad mayor, que no sólo logra contrastar con la formalidad del layout, sino que además emite un mensaje más cercano e íntimo con los consumidores.


3) Un logo con mayor sofisticación y personalidad: Los rasgos de los caracteres que componen la marca fueron refinados, las serifas fueron reducidas, y se estableció una separación entre letras racionalmente modulada.



4) Clima interior: La nueva pieza se muestra profunda y misteriosa gracias a un predominio del color negro, el cual fue intervenido con suaves tonalidades que hacen referencia a cada una de las variedades que componen la línea. La combinación dio por resultado una imagen premium, sumamente delicada y muy  atrapante.
En síntesis, los espumantes Mercier hoy se muestran más sofisticados que nunca. El diseño creado por Pierini ha hecho posible que el mensaje de calidad sea indiscutible, y que los consumidores continúen sintiendo por su producto aquel valor aspiracional que ha sido causante de su preferencia desde su origen.